Sistema de Juego 1-3-5-1-1
En el Mundial de 1986 se hizo conocido, sobre todo por el seleccionado argentino de Carlos Bilardo, el sistema táctico 1-3-5-1-1. Esta estructura tiene como objetivo principal ganar la zona media del campo y tenía como característica la mutación a formaciones más o menos ofensivas dependiendo del rival, las condiciones del partido, el estado anímico etc.
Este sistema se compone en la primera línea de un defensa central y dos centrales laterales de marca; la primera sublínea contiene tres volantes mixtos que permutan las fases de ataque y defensa y la segunda sublínea lleva dos volantes exteriores, que juegan como extremos retrasados, que están muy cercanos a la línea longitudinal de su lado y hacen funciones de carrileros si la situación de juego lo amerita.

En la última línea viene un media punta con libertad ofensiva y un centro delantero. En el caso de este último se recomienda que se tenga movilidad, pues nuestro centro campo está demasiado condensado y va a requerir de enroques por distintos lados.
Este sistema de juego copa el medio campo, lo que favorece las posesiones largas, además puede ser una muy buena opción frente a sistemas de juego del equipo oponente que emplean únicamente un centro delantero en el eje de ataque. Sirve también para el pressing alto y medio, ya que cuenta con seis jugadores en la segunda zona que pueden venir desde atrás a provocar el error en el adversario al momento de que pretendan salir jugando.
Cuando el equipo requiere defender, se convierte en un impasable 1-5-4-1, cuando se desea atacar más pasa a 1-3-4-3 constituyéndose en uno de los parados internacionales más factibles para esos equipos que no llegan tan embalados a un torneo corto.